Vitalia Salud Blog

No es necesario que el niño esté enfermo para llevarlo al pediatra, cuídalo.

  1. ¿Por qué tiene la piel tan seca?

La sequedad excesiva de la piel forma parte del proceso de adaptación del niño a un ambiente mucho más seco, totalmente distinto al medio acuoso en el que se ha desenvuelto durante la gestación.

Para hidratársela hay que aplicarle una crema o un aceite corporal infantil varias veces al día. Añadir un chorro de cualquiera de estos productos al agua del baño también resulta muy eficaz.

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  1. ¿Por qué está tan amarillo?

Esta coloración se debe a un exceso de bilirrubina en la sangre (es una sustancia que se produce por la descomposición de los glóbulos rojos viejos), porque el hígado del bebé, aún inmaduro, no puede procesar bien esta sustancia.

Generalmente, para solucionar este problema basta con exponer al niño a la luz solar, acercando su cuna a la ventana o sacándole de paseo. ¡Ojo, a la luz, no al sol directamente!

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  1. ¿Por qué tiene tanto hipo?

Porque su diafragma (es el músculo que regula la cantidad de aire que entra en los pulmones) aún está inmaduro. Desde los tres o cuatro meses, el hipo deja de ser tan habitual.

  1. ¿Dónde lo pongo a dormir?

Hasta ese momento, para ayudarle a superar sus hipidos, puedes darle un poco de agua en el biberón, cambiarle de postura o recostarle sobre vuestro hombro y darle unos ligeros golpecitos en la espalda.

Lo más cómodo para la madre suele ser que el bebé duerma en su cuarto para poder escucharle si llora.

A partir del tercer mes el bebé suele estar lo bastante maduro como para empezar a adaptarse a vuestros horarios (pero recuerda que esto no se debe forzar, porque cada niño evoluciona a su ritmo).

Desde ese momento puedes ponerle a dormir por el día en el salón y por la noche en su cuarto.

De esta manera empezará a distinguir el día y la noche y su organismo comenzará a ir habituándose a una rutina de sueño.

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  1. ¿Es mejor la cuna o el moisés?

Mientras vivía en tu útero, el espacio que tenía tu hijo para moverse era mínimo y esto le daba seguridad.

Ahora, un lugar “enorme” para él, como la cuna, le desorientaría.

Por eso, mientras quepa en ellos, el cuco y el moisés son los accesorios idóneos para él.

  1. ¿Por qué hay que cambiarle de postura?

Al tumbarle, conviene que unas veces le pongas la cabeza mirando al frente, otras a un lado y otras a otro.

Aún tiene los huesos del cráneo blanditos y se le pueden deformar (esta deformación suele desaparecer con el tiempo, sin dejar secuelas; pero si aparece, conviene hablar con el pediatra, por si precisa tratamiento).

Hay otro motivo por el que debes cambiarle de postura: aún tiene inmaduro el sistema circulatorio.

Si permanece en la misma posición mucho tiempo, es fácil que la zona sobre la que descansa se le amorate, se le enrojezca o se le quede totalmente pálida, algo que se le pasará en unos instantes, en cuanto le pongas en otra posición, pero que puede darte un buen susto.

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  1. ¿Por qué vomita un poco después de comer?

Por la inmadurez de su aparato digestivo.

Estas bocanadas (regurgitaciones) son tan mínimas que no le harán perder peso. Suelen desaparecer sin necesidad de tratamiento antes de los seis meses.

Hasta entonces, para que tu hijo no regurgite tan a menudo: dale de comer semiincorporado, levanta la cabecera de su moisés unos 30 grados, dale de comer despacio, dejándole descansar varias veces a lo largo de la toma, y jamás le acuestes sin asegurarte de que ha eructado.

  1. ¿Cómo sé si tiene frío o calor?

Para saber si tu hijo lleva la cantidad de ropa adecuada, tócale la nuca: si está húmeda, le has abrigado mucho y debes destaparle un poco; si no, has acertado.

Ten en cuenta que los recién nacidos suelen tener las manitas y los pies frescos (no helados), porque su sistema de termorregulación no es bueno y su organismo “prefiere” mantener calientes las zonas vitales a las extremidades.

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  1. ¿Le cojo en brazos si llora?

“No le cojas, que se acostumbra” es un consejo que todos hemos escuchado mil veces. Pero no es cierto.

Cuando tu hijo llore, comprueba que tiene cubiertas sus necesidades y no está molesto: su pañal está limpio, no tiene frío ni calor, no es su hora de comer, no tiene fiebre…

Si todo está en orden, intenta calmarle hablándole y acariciándole o cógele. Durante el primer año no hay riesgo de malcriarle por ello, al contrario: cogiéndole en brazos le proporcionas seguridad, algo que luego favorecerá su independencia.

 

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