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¿Cómo se adapta el sistema inmune durante el embarazo?

El sistema inmune del ser humano tiene dos formas de defenderse contra las infecciones: por medio de los linfocitos o glóbulos blancos (que se encuentran circulando en la sangre) y con los anticuerpos producidos por ciertos linfocitos que también circulan en la sangre.

El embarazo es una etapa emocionante, que viene acompañada de muchos cambios inesperados en el cuerpo de una mujer. Un cambio que la mayoría de las embarazadas experimentan durante esos nueve meses cruciales, es el debilitamiento del sistema inmunológico y, por ende, incrementa la posibilidad de contraer diversas infecciones.


La razón principal del sistema inmunológico debilitado es un desequilibrio hormonal en el cuerpo. Después de la implantación del óvulo fecundado (entre seis y siete días después de la concepción) en la placenta, se inicia la liberación de una hormona llamada hCG. La producción de hCG en el cuerpo aumenta a medida que avanza el embarazo, causando ausencia de menstruación, cambios de humor, náuseas matutinas, fatiga, náuseas, etc.

Por otro lado, la deficiencia nutricional también puede causar un mal funcionamiento del sistema inmune. Ya que el cuerpo está apoyando tanto a la madre como al bebé, aportando nutrientes y minerales esenciales, la deficiencia nutricional también puede llevar a un sistema inmune debilitado. De aquí la importancia de acudir con un nutricionista especializado para llevar una dieta apropiada.

Asimismo, es importante señalar que, durante el embarazo, el sistema inmunológico materno se deprime (supresión inmunológica) para que el feto no sea rechazado como si fuese un cuerpo extraño. Las enfermedades infecciosas, sobre todo durante el primer trimestre del embarazo, son de mayor consideración, pues es el período más vulnerable del feto.

Las infecciones más frecuentemente asociadas con problemas en el recién nacido son la toxoplasmosis, listeriosis, salmonelosis, rubéola, citomegalovirus, hepatitis B y herpes genital.

No hay razón para alarmarse, pues existen medidas que pueden ayudarte a disminuir la posibilidad de desarrollar alguna de estas infecciones durante el embarazo.

Toda mujer en edad fértil debería estar vacunada contra rubéola, varicela, hepatitis B y difteria-tétanos (refuerzos cada 10 años). Además, por el mayor riesgo materno de complicaciones, se recomienda la vacunación contra la influenza durante el embarazo. Por supuesto, no todas las vacunas se pueden aplicar durante este periodo, hay un esquema de vacunación que se debe de seguir y un médico es quien lo debe indicar.

Asimismo, las prácticas de higiene como lavarse las manos con frecuencia y evitar el contacto con la saliva de otras personas (a través de compartir alimentos, bebidas o utensilios), puede disminuir la posibilidad de contraer alguna infección.

Cuida tu salud y la de tu bebé asegurándote de seguir estas recomendaciones.

 

Fuente: Toque de Mujer, Salud y Bienestar, Mi Sistema Inmune

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