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La dieta sin gluten: el mejoramiento de tu salud

¿Qué es la dieta sin gluten?

La dieta sin gluten consiste en un régimen alimentario en el que se evita el gluten, proteína presente en el trigo, avena, cebada y centeno; también puede encontrarse en otros productos como medicinas, vitaminas o suplementos. Generalmente, la adaptación a esta dieta se produce por razones médicas como la enfermedad celíaca, la sensibilidad al gluten no celíaca, a la alergia al trigo. También se puede seguir una dieta sin gluten como medida para perder peso, si bien en este caso no está indicada por las consecuencias que puede tener para la salud.

Enfermedad celíaca

Los celíacos padecen una enfermedad  del sistema inmune por la que no pueden consumir gluten, esto se debe al daño que sufre su intestino delgado. Los síntomas de la enfermedad celíaca varían en función de la persona; pueden ir desde la diarrea y el dolor abdominal a la sensación psicológica de irritación y depresión. Esta patología es genética y su diagnóstico se realiza mediante un análisis de sangre y un análisis médico de una pequeña muestra de tejido del intestino delgado. El único tratamiento para esta enfermedad (que afecta al 1% de los adultos en todo el mundo) es el seguimiento de una dieta sin gluten, es decir, libre de trigo, avena, cebada, centeno, espelta, triticale y/o productos derivados como el almidón, la harina, el pan o las pastas.

Sensibilidad al gluten no celíaca

La sensibilidad al gluten no celíaca es una enfermedad de múltiples síntomas que suelen mejorar al adoptar una dieta sin gluten, tras haberse descartado la enfermedad celíaca y la alergia al trigo.

Alergia al trigo

En algunas ocasiones, la alergia al trigo supone una razón médica válida para seguir una dieta sin gluten.

Dieta de adelgazamiento sin gluten

Este tipo de dieta ha sido popularizado por algunas famosas. Sin embargo, los expertos no recomiendan este tipo de régimen como forma de alimentación sana o para perder peso por sus posibles efectos negativos sobre la salud.

Síntomas de la intolerancia al gluten

En el caso de los niños, éstos suelen presentar síntomas como náuseas, vómitos, diarreas, bajo peso o problemas de crecimiento entre otros; lo que hace que la alergia al gluten se detecte fácilmente. Los adultos, en cambio, generalmente presentan una sintomatología más discreta con síntomas como ligeras diarreas, pérdida de peso, anemia o estreñimiento.

Además, también pueden presentar signos como: propensión a los hematomas o sangrado nasal, cansancio, picor de piel, pérdida de cabello, úlceras en la boca, ausencia de menstruación, calambres musculares o intolerancia a otros nutrientes como la lactosa.

Los distintos tipos de estrés

El manejo del estrés puede resultar complicado y confuso porque existen diferentes tipos de estrés: estrés agudo, estrés agudo episódico y estrés crónico. Cada uno cuenta con sus propias características, síntomas, duración y enfoques de tratamiento. En este artículo analizaremos cada uno de éstos.


1. Estrés agudo

Es la forma de estrés más común. Surge de las exigencias y presiones del pasado reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro cercano. El estrés agudo es emocionante y fascinante, pero solamente en pequeñas dosis; cuando es demasiado resulta agotador.

Del mismo modo, exagerar con el estrés a corto plazo puede derivar en agonía psicológica, dolores de cabeza tensionales, malestar estomacal y otros síntomas. Afortunadamente, la mayoría de las personas reconocen los síntomas de estrés agudo. Dado que es a corto plazo, el estrés agudo no tiene tiempo suficiente para causar los daños importantes asociados con el estrés a largo plazo. Los síntomas más comunes son:

2. Agonía emocional
Una combinación de enojo o irritabilidad, ansiedad y depresión, las tres emociones del estrés.

3. Problemas musculares

Se incluyen dolores de cabeza tensos, dolores de espalda, dolores en la mandíbula; las tensiones musculares que derivan en desgarro muscular y problemas en tendones y ligamentos.

4. Problemas estomacales e intestinales
Acidez, flatulencia, diarrea, estreñimiento y síndrome de intestino irritable.

5. Sobreexcitación pasajera
Deriva en elevación de la presión sanguínea, ritmo cardíaco acelerado, transpiración de las palmas de las manos, palpitaciones, mareos, migrañas, manos o pies fríos, dificultad para respirar y dolor en el pecho.

6. Estrés agudo episódico

Por otra parte, están aquellas personas que tienen estrés agudo con frecuencia, cuyas vidas son tan desordenadas que son estudios de caos y crisis. Es común que las personas con reacciones de estrés agudo estén demasiado agitadas, tengan mal carácter, sean irritables, ansiosas y estén tensas. Suelen describirse como personas con “mucha energía nerviosa”.

Otra forma de estrés agudo episódico surge de la preocupación incesante. Los síntomas del estrés agudo episódico son los síntomas de una sobre agitación prolongada: dolores de cabeza tensos y persistentes, migrañas, hipertensión, dolor en el pecho y enfermedades cardíacas. Tratar el estrés agudo episódico requiere la intervención en varios niveles que generalmente requiere ayuda profesional.

7. Estrés crónico

Éste es el estrés agotador que desgasta a las personas constantemente. El estrés crónico destruye al cuerpo, la mente y la vida. Hace estragos mediante el desgaste a largo plazo. Es aquel que se vincula a la pobreza, las familias disfuncionales, de verse atrapados en un matrimonio infeliz o en un empleo o carrera que se detesta. Surge cuando una persona nunca ve una salida a una situación deprimente. Es el estrés de las exigencias y presiones implacables durante períodos aparentemente interminables. Sin esperanzas, la persona abandona la búsqueda de soluciones.


Algunos tipos de estrés crónico provienen de experiencias traumáticas a raíz de la niñez (que se interiorizaron) y se mantienen dolorosas y presentes constantemente. Algunas experiencias afectan profundamente la personalidad. Se genera una visión del mundo, o un sistema de creencias, que provoca un estrés interminable para la persona. Cuando la personalidad o las convicciones y creencias profundamente arraigadas deben reformularse, la recuperación exige el autoexamen activo, a menudo con ayuda de un profesional.


El estrés crónico mata a través del suicidio, la violencia, el ataque al corazón, la apoplejía e incluso el cáncer. Las personas se desgastan hasta llegar a una crisis nerviosa final y fatal. Debido a que los recursos físicos y mentales se ven consumidos por el desgaste a largo plazo, los síntomas de estrés crónico son difíciles de tratar y pueden requerir tratamiento médico y de conducta y manejo del estrés.

Los efectos del estrés

Según los especialistas de Mayo Clinic, cuando una persona percibe una amenaza o se siente presionada, el hipotálamo inicia un sistema de alarma en el cuerpo; esto se da mediante el sistema nervioso y hormonas como la adrenalina y el cortisol. La adrenalina aumenta el ritmo cardíaco, la presión arterial y aumenta el suministro de energía; por otro lado, el cortisol favorece la producción de glucosa en la sangre, altera las respuestas del sistema inmune, digestivo, reproductor y los procesos de crecimiento. Por ello, la frecuente exposición al estrés genera daños físicos en el cuerpo, que merman la calidad de vida de las personas como dolor de cabeza, piel seca, tic nerviosos. En este artículo, se presentan diez efectos del estrés

1. Obesidad y sobrepeso
Al estar en un constante estrés, la persona no limita la ingesta de alimentos altos en calorías porque busca satisfacer sus necesidades emocionales.

2. Pérdida del cabello
Ésta es una de las consecuencias más frecuentes del estrés, ya que se presenta por el debilitamiento de los folículos pilosos o bien la ansiedad de jalar el cabello para lidiar con sentimientos negativos.

3. Depresión
Las situaciones estresantes aumentan el riesgo de padecer la depresión. Los problemas para afrontar la tensión generan desgaste físico, mal humor y sentimientos de tristeza.

4. Reducción del deseo sexual
La producción elevada de cortisol reduce la generación de las hormonas que alimentan la libido.

5. Menstruación irregular
El estrés crónico daña el equilibrio hormonal del cuerpo; se inducen a retrasos o ausencias del flujo menstrual. Incluso, algunos estudios aseguran que las mujeres con empleos estresantes tienen riesgo 50% mayor a tener periodos cortos.

6. Acné
Los altos niveles de cortisol que se generan por el estrés aumentan la producción de aceites o grasas corporales; contribuye directamente a la aparición de espinillas.

7. Úlceras
El estrés altera el sistema digestivo en las personas y, por ende, incrementa la producción de ácidos estomacales; se favorece el desarrollo de úlceras, indigestión y malestares.
8. Insomnio
El insomnio es una consecuencia frecuente del estrés; se genera por la alteración del sistema nervioso y por ello, se dificulta la concentración, genera irritabilidad y falta de motivación.

9. Disminución de fertilidad
Estudios recientes revelan que las mujeres con altos niveles de la enzima llamada alfa-amilasa tienen más dificultades para quedar embarazadas.

10. Enfermedades cardiacas
De acuerdo con el Centro Médico de Columbia University, el aumento del riesgo cardíaco por el estrés equivale a fumar cinco cigarrillos por día, ya que la tensión aumenta el nivel de hormonas en la sangre y acelera la presión arterial.

Lo que debes saber acerca del síndrome de ovario poliquístico

El síndrome de ovario poliquístico (también llamado síndrome de Stein-Leventhal) es una enfermedad caracterizada por la presencia de múltiples quistes en los ovarios; se asocian a una desregulación del ciclo ovárico y de las hormonas femeninas. El ovario poliquístico es llamado síndrome porque posee un conjunto de señales y síntomas que pueden o no estar presentes. Existe una gran variabilidad de los síntomas del síndrome de ovario poliquístico.


Las principales características del SOP son la menstruación irregular, lo que indica la presencia de ciclos anovulatorios (ausencia de ovulación), así como la infertilidad, la obesidad, el aumento de pelos y el acné. Es importante notar que es común encontrar niveles elevados de glucosa en la sangre; en algunos casos (cerca del 10%) lo suficientemente altos como para causar diabetes.

El exceso de testosterona (llamado de hiperandrogenismo) es responsable por algunas de las señales y síntomas típicos del síndrome de ovario poliquístico. Hirsutismo es el nombre dado a la presencia de pelos en las mujeres en zonas con características masculinas. Los pelos suelen surgir arriba del labio superior, en la quijada, alrededor de los pezones y abajo del ombligo. Las mujeres también pueden presentar una calvicie con patrones masculinos. El exceso de hormonas masculinas también es el responsable por el aumento de la oleosidad de la piel y el surgimiento de acné (clavos y espinillas).

La dificultad para quedar embarazada es muy común en las mujeres con ovario poliquístico. La frecuente ausencia de ovulación es la responsable por la infertilidad. Muchas de las pacientes con SOP acaban necesitando de tratamiento contra la infertilidad para conseguir un embarazo. La ausencia de ovulación y las alteraciones hormonales del SOP aumentan el riesgo de desarrollar cáncer del endometrio (pared que reviste el útero). Otro hallazgo común en el síndrome de ovario poliquístico es el síndrome metabólico; se caracteriza por: exceso de peso, resistencia a la insulina, niveles elevados de colesterol e hipertensión.

¿Qué es el hipertiroidismo?

El tiroides regula el ritmo del cuerpo –es decir, el metabolismo–. El exceso de hormona tiroidea provoca que las funciones de los órganos están aceleradas. Ahora bien, el hipertiroidismo es el cuadro clínico que se deriva de un aumento de la actividad de la glándula tiroides. Las hormonas tiroideas (T4 y T3), cuya síntesis está regulada por la TSH secretada en la hipófisis, tienen como misión fundamental regular las reacciones metabólicas del organismo.


El hipertiroidismo se caracteriza por la elevación de los niveles de hormonas tiroideas en sangre;  produce así una aceleración generalizada de las funciones del organismo. Es una enfermedad frecuente que afecta alrededor del 1% de la población siendo más frecuente en mujeres entre 30-40 años. El paciente puede notar: nerviosismo, irritabilidad, sudoración, palpitaciones, temblor de manos, pérdida de peso con buen apetito, ansiedad, dificultad para dormir, adelgazamiento, cabello fino y quebradizo, diarrea y debilidad muscular.

Causas del hipertiroidismo

Existen diferentes tipos de hipertiroidismo. Casi todos se deben a un exceso de formación de hormonas tiroideas. Es por esta razón por la cual la gran mayoría observa un aumento en el tamaño del tiroides. Es importante mencionar que además de hipertiroidismo existe bocio. Y bien, el bocio se aprecia como un aumento del volumen de la región anterior del cuello. Los hipertiroidismos más frecuentes son los debidos a: bocio difuso (enfermedad de Graves-Basedow) y a bocio nodular.


En el primer caso, la causa se relaciona con la presencia de anticuerpos estimuladores del tiroides que –además de estimular el tiroides para que produzca grandes cantidades de hormonas tiroideas– es más común en personas jóvenes; incluso puede dar lugar a a la aparición de ojos saltones –es decir, exoftalmos– y a inflamación de las parte anterior de las piernas – en otras palabras, mixedema–. Este tipo particular se conoce con el nombre de enfermedad de Graves-Basedow y es la causa más frecuente de hipertiroidismo.


Los bocios nodulares – la razón aún se desconoce de por qué empieza a producir una cantidad de hormonas mayor de lo normal– son de superficie rugosa; el hipertiroidismo en estos casos ocurre con más seguido en personas de edad avanzada. En otros casos el hipertiroidismo se debe a la inflamación de la glándula  –la cual puede ser muy dolorosa– y da lugar a la suelta de hormonas tiroideas debido a la rotura de las células que las contienen. Se llaman tiroiditis; se creen causados por una infección viral y suelen acompañarse de fiebre y malestar general. La toma de pastillas de hormona tiroidea puede ser también causa de hipertiroidismo.

¿Qué quiere decir que tienes problemas con la tiroides?

Hoy en día, es tan común escuchar a las mujeres quejarse de problemas de la tiroides. Algunas dicen que han subido de peso por la tiroides, y otras dicen que han perdido peso por la misma causa. En este artículo te explicaremos por qué esta glándula puede causar efectos tan contrarios en las mujeres.

Primero que nada, es necesario saber qué es la tiroides. Es una glándula que se encuentra ubicada en el cuello y que produce hormonas para regular tu metabolismo. Es decir, la tiroides, entre sus funciones, regula la manera en que asimilamos los alimentos que consumimos para obtener sus nutrientes y la energía que necesita el cuerpo.

Ahora bien, cuando tienes problemas con la tiroides esto es lo que pasa con el metabolismo: se altera y puede hacerte adelgazar o engordar. Pero todo depende de cómo se afecta, pues puede suceder de dos maneras diferentes.

Hipotiroidismo

Se le denomina hipotiroidismo cuando la glándula tiroides produce menos hormonas de lo normal. Cuando se tiene hipotiroidismo, el metabolismo también se alenta y no procesa los alimentos como debería puesto que existe una carencia de energía. Es importante mencionar que generalmente puede no haber síntomas al principio pero algunos que pueden aparecer con el tiempo dependiendo de la severidad incluyen: aumento de peso, carencia de energía, cansancio, frío, mala memoria, depresión, estreñimiento, períodos menstruales más fuertes de lo normal, retención de líquidos, piel seca, ronquera, elevación de los niveles de colesterol en la sangre y dolor y debilidad en los músculos.

Hipertiroidismo

Por el contrario, cuando la tiroides se vuelve hiperactiva se produce más hormonas de las necesarias y termina por acelerar tu metabolismo. Eso te puede producir los siguientes efectos: procesas demasiado rápido los alimentos y tus reservas de energía, puedes bajar de peso a pesar de que tu apetito aumenta, se acelera tu frecuencia cardiaca (taquicardia) o se vuelve irregular (arritmia), nervios, ansiedad, temblor en las manos y problemas para dormir, aumento de temperatura corporal, sudor, sensibilidad al calor, cambios en tu periodo menstrual y cambios en tu digestión. Es importante mencionar que la glándula tiroides puede agradarse y algunas veces se puede ver como hinchazón en tu cuello.



Cuando los problemas en tu tiroides son leves, éstos se pueden tratar fácilmente con medicamentos para regularla. Pero si la tiroides te está afectando seriamente –especialmente por hipertiroidismo– tu médico podría considerar la terapia con yodo radioactivo. Lo recomendable es consultar un endocrinólogo ante todo.

10 síntomas que te alertan problemas tiroides

La tiroides es una glándula que regula el metabolismo del cuerpo. Está determina con qué velocidad se queman las calorías y cuán rápido late el corazón. La tiroides es la responsable de establecer un equilibrio hormonal. A menudo, al llegar a la edad adulta, las personas pueden empezar a sufrir de problemas tiroides y padecer diferentes desórdenes en la salud física y emocional.


Los tres problemas  más comunes de la tiroides son: el hipotiroidismo, el hipertiroidismo y los nódulos tiroideos. Aunque cada uno de estos afecta el cuerpo de forma diferente, tienen algunos síntomas en común que nos permiten ponernos en alerta. A continuación detallamos los 10 síntomas comunes de los problemas tiroides.

1. Fatiga y cansancio

Si duermes bien –es decir 8 o 10 horas diarias– y aún así te sientes cansado o con ganas de dormir una siesta, es muy probable que estés teniendo problemas en la producción de hormonas tiroideas –es decir, el hipotiroidismo–. Es importante mencionar que la tiroides desempeña fundamental en los niveles de energía. Por lo tanto, sufrir de fatiga puede ser una señal de que algo no anda bien.

2. Aumento o pérdida de peso

La glándula tiroidea es la responsable de regular la velocidad del metabolismo; es decir, el proceso mediante el cual el cuerpo quema calorías. Cuando hay un aumento repentino de peso, podría haber una señal de hipotiroidismo –cuando la glándula no produce suficiente hormona tiroidea–. Si, por el contrario, hay una disminución de peso, podría indicar hipertiroidismo  –cuando hay una producción excesiva de glándula tiroidea–.

3. Problemas del estado de ánimo

Los desórdenes hormonales provocados por los problemas de tiroides también pueden afectar el plano emocional. Si, de repente, empiezas a sentir: ansiedad, depresión, cambios inexplicables de humor, sensación de angustia… es posible que el cuerpo esté enviando señales de alerta –de problemas de la tiroides–.

4. Dolores corporales

Sentir de repente dolencias musculares en las articulaciones o en los tendones podría ser una señal de un desorden hormonal de la glándula tiroidea.

5. Dificultades en el plano reproductor

El desequilibrio de las hormonas tiroideas puede provocar problemas para concebir ya sea por las  alteraciones en el periodo menstrual o falta de deseo sexual.

6. Frialdad

La tiroides regula la temperatura corporal y es la responsable de mantener el calor adecuado para nuestro cuerpo. Sentir repentinamente las manos frías o los pies fríos así como el resto del cuerpo puede ser un indicio de dificultades en la tiroides y, por ende, en el metabolismo.

7. Alteraciones en la piel, el cabello y las uñas

La piel reseca, problemas de caída del cabello y el agrietamiento de las uñas son signos comunes de hipotiroidismo. Estos síntomas van aumentando de manera gradual y requieren tratamiento para no convertirse en algo crónico.

8. Estreñimiento

Al bajar la actividad hormonal de la glándula tiroidea, todos los procesos corporales se ralentizan y los órganos tienen dificultades para cumplir adecuadamente sus funciones. Éste es el caso de las funciones digestivas puesto que presentan problemas para absorber correctamente los nutrientes de los alimentos así como dificultad para eliminar los residuos a través del tracto digestivo.El resultado puede ser un caso grave de estreñimiento.

9. Problemas cognitivos

A menudo, las personas con problemas en los tiroides se quejan de no tener una buena memoria y de tener dificultades para concentrarse. Esto se debe a la disminución en la producción de hormonas tiroideas la cual ralentiza diversas funciones del cuerpo.

10. Voz y garganta

Al existir un problema en los tiroides es muy probable que la glándula tiroidea se inflame o aumente de tamaño. Al ocurrir esto se pueden presentar problemas como: dolor de garganta, ronquera, malestar, hinchazón en el cuello o ronquidos, entre otros.

7 alimentos para bajar el colesterol

El colesterol es una sustancia que se encuentra en el organismo; ésta se encarga de regular funciones como la formación de los ácidos biliares o algunos tipos de hormonas. El colesterol es necesario y es importante pero si su presencia llega a estar por encima de los niveles normales puede ocasionar hipercolesterolemia – es decir, un factor de riesgo de determinadas enfermedades cardiacas–. Sin embargo, la enfermedad puede evitarse siempre y cuando se tenga en mente lo siguiente: estilo de vida saludable –que incluya el ejercicio físico– y una alimentación equilibrada –se sugiere la dieta mediterránea–. Por ello, se recomienda cambiar la dieta cuando el colesterol es muy alto. Aquí te presentamos siete alimentos que te ayudarán a bajar el colesterol:

1. El aguacate

Según nueve estudios clínicos, se ha observado que la inclusión del aguacate en la dieta ayuda a aquellos que padecen de hipercolesterolemia. El aguacate logra favorecer la disminución de los niveles de colesterol total entre un 9 y un 45 por ciento así como del colesterol LDL. El aguacate tiene un alto contenido en fibra, lo cual nos indica que disminuye su absorción. Además, el aguacate –por ser rico en ácidos grasos poliinsaturado– reduce notoriamente los niveles de LDL. Por otro lado, el aguacate es la fruta que más estanoles y esteroles posee; favoreciendo una menor absorción intestinal de colesterol. Se recomienda consumir entre medio y un aguacate y medio diario durante la comida principal. Es importante mencionar que éste puede ser una herramienta muy eficaz si se quiere disminuir el colesterol.

2. Los cereales integrales
Los cereales integrales también ayudan a regular el colesterol. Existen varios trabajos de investigación que respaldan la correlación del consumo de cereales integrales con la reducción de los niveles de colesterol. La avena es la más recomendada,  ya que es la más eficaz; si se consume por seis semanas, se da una disminución del colesterol LDL. La avena aporta una buena cantidad de fibra por lo que se recomienda que se consuma en el desayuno. Se favorece considerablemente la reducción de los niveles de colesterol. De igual manera, también se sugiere que se consuman otro tipo de cereales integrales como: pan, pasta o arroz integral.


3. Los frutos secos
Los frutos secos –es decir, las nueces,  almendras, pistachos o la nuez de Brasil y la nuez de macadamia– tienen la habilidad de regular el perfil de colesterol de manera eficiente. Los frutos secos reducen los niveles de LDL en un 4 por ciento aumentan simultáneamente el colesterol HDL en un 7 por ciento. Se recomienda el consumo a diario de un puñado –unos 40 gramos– de frutos secos tostados sin sal; sobre todo, éstos deben de consumirse durante el desayuno.

4. Legumbres
Las legumbres son, en efecto, muy ricas en fibra; favorecen directamente la disminución en la absorción de colesterol LDL. De hecho, las lentejas además de reducir el LDL aumentan el HDL; esto resulta muy beneficioso para la salud del corazón. Otras legumbres, como los guisantes, disminuyen los niveles de colesterol total en un 5 por ciento y de LDL en un 8. Sin embargo, la soja es la legumbre que más reduce los niveles de colesterol. La recomendación general es ingerir al menos entre 11 y 50 gramos de legumbres –como son la soja, los guisantes o las lentejas– unas tres veces a la semana.

5. Verduras
Las verduras de hoja verde, como son las espinacas, reducen los niveles de colesterol sobre todo cuando la dieta es muy rica en grasa, ya que favorecen una mayor eliminación de colesterol en las heces. Por otro lado, estas verduras contienen un porcentaje elevado de estanoles y esteroles –lo que también hace que haya una menor absorción intestinal de colesterol–. Otras verduras, como el brócoli, tienen un efecto excelente para los hipercolesterolémicos debido a su alto contenido de fibra.

6. Los inhibidores naturales de la HMG-CoA
Es importante mencionar que la producción de colesterol en nuestro organismo depende de la actividad de una enzima llamada HMG-CoA. El omega-3, por su parte, también desempeña funciones particulares en torno a la inhibición de esta enzima; se favorece una disminución en la producción de colesterol. Algunos alimentos muy ricos en omega-3 son: las semillas de lino, semillas de chía, espinaca, rábano y alfalfa germinada.  Los licopenos –es decir, otros inhibidores de la enzima– también se encargan de la producción del colesterol. Se encuentran en alimentos como: la guayaba, la sandía, el tomate –especialmente en el tomate secado al sol– y el pomelo.  Éstos reducen los niveles de colesterol en torno al 10 por ciento. Por lo tanto, la cantidad de licopeno recomendada está entre 25 y 35 miligramos por día.

7. Los alimentos ricos en antocianinas
Algunas frutas, verduras y otros productos de origen vegetal contienen una alta concentración de ciertos pigmentos denominados antocianinas –las cuales dan coloraciones del rojo al naranja y del azul al púrpura–. Al incorporar antocianinas, se tiene la capacidad de disminuir los niveles de colesterol LDL entre el 16 y el 25 por ciento en individuos con hipercolesterolemia. Es importante aclarar que este efecto sólo es específico en aquellos que padecen de hipercolesterolemia. En otras palabras, el cuerpo en presencia de antocianinas produce menos colesterol. Entre los alimentos que contienen estos compuestos destacan: las frambuesas, las moras, los arándanos, las cerezas, el acai y la piel de la berenjena. Se recomienda que los hipercolesterolémicos consuman unos 100 gramos por día de alimentos ricos en antocianinas.

Cómo bajar el colesterol en 5 pasos

Los siguientes pasos te ayudarán a bajar el colesterol sin la necesidad de tomar medicamentos. ¡Toma nota! Sin embargo, si tus niveles de colesterol son muy elevados, te sugerimos ir al cardiólogo o bien, seguir un tratamiento médico.

1. Reduce la ingesta de carbohidratos refinados

Los carbohidratos refinados son conocidos también como carbohidratos simples o carbohidratos procesados; y se los considera calorías vacías. Es importante mencionar que existen dos tipos:

  • Azúcares: azúcares procesados y refinados como el jarabe de maíz de alta fructosa.
  • Cereales refinados: granos a los que se ha retirado el germen y el salvado (partes nutritivas) y tan solo mantienen el endospermo.

Este tipo de alimentos se caracteriza por tener un índice glucémico alto, lo que provoca picos en los niveles de glucosa en sangre y causa un incremento de insulina –efecto muy negativo en personas diabéticas–. Asimismo, los alimentos con un índice glucémico alto reducen la cantidad de colesterol HDL y elevan el colesterol LDL y los triglicéridos. Es interesante mencionar que las dietas bajas en carbohidratos aumentan el tamaño de las partículas LDL pequeñas y densas;  se convierten en partículas grandes y ligeras y, posteriormente, descienden los niveles de colesterol LDL  

2. Evita cualquier alimento con grasas trans

Las grasas trans artificiales o industriales son grasas hidrogenadas que se elaboran mediante la introducción de moléculas de hidrógeno en un aceite vegetal. Existe una fuerte relación entre la ingesta de grasas trans y el aumento de riesgo de enfermedades cardíacas.

Al sustituir las grasas trans por otro tipo de grasas o carbohidratos, los resultados de los ensayos clínicos son claros: aumento de la proporción colesterol total/colesterol HDL, aumento del colesterol LDL y efecto negativo en la relación ApoB/ApoA1. Evita sobre todo los siguientes alimentos: aceites vegetales, aperitivos salados y dulces, bollería y pastelería industrial, comida precocinada,  salsas, condimentos comerciales, galletas, caramelos y helados.

  1. Practica ejercicio físico

El ejercicio físico ayuda a reducir considerablemente el colesterol.  La práctica de ejercicio físico mejora el perfil lipídico de varias formas: aumento del colesterol HDL, reducción de los triglicéridos, reducción del colesterol LDL y conversión de las lipoproteínas LDL densas y pequeñas en lipoproteínas LDL grandes y ligeras. Asimismo, el ejercicio físico ayuda a regular los niveles de colesterol.

4. No fumes

Por regla general, los fumadores presentan unos niveles de colesterol LDL y de triglicéridos más altos que aquellos que no fuman. Asimismo, tienen una menor cantidad de colesterol HDL y una mayor cantidad de colesterol LDL oxidado; se aumenta el riesgo de contraer aterosclerosis. Es evidente que el hecho de no fumar o abandonar este hábito reducirá enormemente el colesterol “malo” y, con ello, el riesgo de sufrir infartos o crisis cardíacas.

  1. Toma espirulina

La espirulina es una clase de bacteria –conocida también como alga verdeazulada– con un elevado contenido de nutrientes y proteína de la mejor calidad. Según numerosos estudios, consumir diariamente 1 gramo de espirulina: disminuye los triglicéridos en un 16,3 %, disminuye el colesterol LDL en un 10,1 % y disminuye el colesterol total en un 8,9 % y  aumenta  el colesterol HDL.

¿Qué debes empacar antes de ir al hospital a dar a luz?

Cuando el momento del parto está cerca, lo ideal es ir organizando la maleta que llevarás al hospital. Es necesario que traigas todo lo necesario para ti y para recibir el bebé. Te recomendamos organizar esto a tiempo ya que, si comienza el parto y las contracciones, corres el riesgo de olvidar algo importante.

1. La documentación para el hospital

A lo largo de todo el embarazo, habrás ido haciendo un acopio de papeles relacionados con tu gestación: las diferentes analíticas con sus resultados, las ecografías del bebé, las últimas pruebas de monitores o el resultado del exudado.

Te recomendamos guardar estos documentos en una carpeta para evitar descolocar o perder tu papelería. Ten en cuenta que tienes que traer: tu documento nacional de identidad, tu tarjeta sanitaria, el certificado del seguro –en caso de ir a una clínica privada– y el libro de familia. Procura tener esta carpeta dentro de la maleta para no olvidarla y así serás ágil durante todo el proceso.

2. La maleta de la mamá

Empaca ropa que sea cómoda. La mayoría de los hospitales te dan camisones pero algunos hospitales dejan que las madres se pongan su propia ropa después del nacimiento del bebé. Recuerda que estarás dos o tres días en el hospital y vendrán a verte. Procura llevar: dos camisones, una bata, unas zapatillas y unos calcetines. Te aconsejamos que tus camisones tengan una abertura por delante –para que te permitan dar pecho a tu bebé sin problemas–. Te recomendamos optar por la manga corta, ya que ésta es más práctica ya que tendrás una vía y además puede que te tomen la tensión durante tu estancia en el hospital.

Otro dato importante: no olvides llevar uno o dos sujetadores de lactancia y discos protectores –aunque los primeros días sólo producirán el calostro y todavía no habrá llegado la subida de la leche–. Es conveniente que también lleves calzones desechables.

En cuanto a los productos de higiene, en muchas maternidades proveen a la mamá de un neceser con: gel, champú y crema. Sin embargo, te aconsejamos que, de todas formas, lleves tu propia bolsita que contenga: gel, champú, pañuelos de papel, crema hidratante, cepillo y pasta de dientes, protector labial, cepillo para el pelo y algún coletero. No olvides llevarte también tu teléfono y su cargador, así como tu cámara de fotos. No lleves anillos, relojes, pulseras u otro tipo de joyas, te estorbaran para poder agarrar bien al bebé y ponerle al pecho. Y, por último, no olvides meter en tu maleta para el hospital ropa para cuando te den el alta.

3. La maleta del hospital para el bebé

Te recomendamos que le lleves la ropa al bebé –a pesar de que muchos centros de maternidad le puede prestar momentáneamente la ropa–. Lleva: dos o tres trajecitos o pijamas de algodón, un gorrito –para evitar la pérdida de temperatura nada más nacer– y unas manoplas –para evitar que el bebé se arañe si tiene las uñas largas–, calcetines, la ropa para llevarle a casa, una toquilla o arrullo y pañales. No olvides que, al momento de salir del hospital, tendrás que tener instalado un asiento en el carro especial para el bebé.

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